Revolución mahometana por un comic... Destrucción del meadero de Duchamp...

Hace una semana, un ciudadano francés, rompió a martillazos una de las "copias" de la archifamosa obra de arte "La Fuente" (1917) de Marcel Duchamp. Pero la celebración de esta significativa acción de Pierre Pinoncelli —el atacante de 77 años, quien ya la había meado hace unos años— quedó opacada por el reciente pandemonio de miles de musulmanes, árabes, moros, islamistas no afiliados, y otros enemigos de Walt Disney.
Para quienes no recordamos, hace más de mil quinientos años se libró en Occidente una cruel lucha de poder —una de tantas— en el seno de la Iglesia, conocida como la "querella iconoclasta". Destructores de imágenes y aquellos que las veneraban se enfrentaron en un conflicto donde dogmas, excumuniones, y —sobretodo— sangre de inocentes determinaron el futuro del arte. Sobra indicar qué bando resultó vencedor. Pero quien sea que lograra ese triunfo para la imagen debe llevarse el agradecimiento histórico de todos los artistas, escultores, pintores, amantes de Playboy, y especialmente de Hollywood.
Ahora, pensemos al revés por un momento. ¿Qué hubiera ocurrido si los iconoclastas hubieran ganado? La respuesta quizá la hemos visto en nuestros televisores en las últimas semanas. Millares de musulmanes cabreados, gritando, tiroteando, quemando, aplastando, vitupereando, gimiendo, empujando, sudando, y clamando por la muerte de los "responsables" de la más grave ofensa contra su fe en años recientes: caricaturas de Mahoma publicadas en un diario danés.
Lo que a simple vista parecen ser representaciones inocentes de uno de los tres reyes magos con una bomba marca ACME en la cabeza, por alguna razón que desconocemos, molestó considerablemente a estas pacíficas criaturas fieles, religiosas y temerosas de Dios. Y al parecer su ira crece cada vez más, pues diariamente los radicales han ido atacando embajadas. Si Dinamarca ha aprendido algo en los últimos días ha sido que el sentido del humor musulmán puede ser muy distinto al suyo.
Occidente observa los sucesos embelezado. ¿Es esto la realidad o han creado los islámicos una caricatura de sí mismos estilo The Matrix? Todos entendemos que cierta gente pueda ofenderse al ver estas imágenes. Pero deberíamos aplicar la misma regla al neonazi que va a ver películas de Spielberg. En otras palabras: ¿Si te joden la vida, para qué las miras? ¿Por qué estos compañeros religiosos se empeñan en ánimo obsesivo por seguir viendo y buscando y regurgitándose en su cabreo, comprando periódicos para ver si publican o no las susodichas imágenes? ¿Acaso si huelo un pedo anónimo salto a buscar el propietario del orificio ofensor? ¿No sería más sabio cerrarse la nariz y seguir el camino en paz?
Desde "acá" el populacho les recomienda: No tapen las mujeres con burkas o velos, ¡tápense los ojos! No quemen embajadas ajenas, ¡cambien de periódico! ¡Simplifíquense la vida!, que de por sí ya es lo bastante jodida.
Así como Duchamp se atrevió en 1917 a poner un urinal en un pedestal de galería de arte, y Pinoncell¡ a destruirlo noventa años después, decimos: ¡Qué viva nuestro derecho a ser blasfemos!