Vergonzoso boicot a las mejores galletas

Las más hermosas memorias de mi niñez me remiten a aquellos momentos cuando me sentaba frente al televisor a ver Mazinger-Z, e intentaba copiar rapidamente al gran robot con mis crayolas. En ese instante llegaba mi madre con un vasito de leche y una redonda caja azul que abría y revelaba las más bellas y sabrosas delicias jamás hechas: las galletas danesas de mantequilla. Doradas, de diferentes formas, algunas suaves, otras duritas, algunas con coco, otras con bloquecillos de azúcar encima. Eso sí, todas compartían una característica común: al mojarse en leche se potenciaba su sabor, a tal grado que olvidaba mi serie animada favorita para sentir en plenitud cómo se deshacían aquellas dulces confituras en mi boca. Luego, mientras su azúcar mantequillosa kickeaba el efecto de mis endorfinas, me quedaba como bobo mirando aquella caja mágica de aluminio que siempre tenía impreso algún castillo romántico cual cuento de Hans Christian Andersen.
Esta mañana al despertar me enteré de que en algunos países se estaban boicoteando los productos daneses, gracias a las dichosas caricaturas de Mahoma. No pude más que lamentarme por la gran pérdida que estos ciudadanos radicales tendrán; ya no podrán comerse las deliciosas galletas. Lo que me resulta más curioso es que estos desafortunados quieran prohibir, precisamente, las dos cosas que yo más disfruté durante toda mi feliz infancia: dibujar caricaturas y comerme aquellas galletas danesas.
Han pasado muchos años desde que tuve en mis manos una de esas cajas redondas. Hoy seré el primero en comprar una.
None — 10-04-2007 04:07:18