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¿Se quedará corto el turbante de Mahoma?

Archivado en Política • Fecha: 18-02-2006 00:00:44

$25,000 —y automóvil— por la cabeza del caricaturista



Estamos en medio de un corte comercial. Luces apagadas. El público espera sentado, sudando, ansioso, a la expectativa del regreso del presentador —quien durante las pausas se refugia en su camerino bien acompañado de sus guapas asistentes—. Pronto anunciará el Gran Premio esperado. Entonces 3...2...1... Se encienden las luces, júbilo por doquier, aparece el ídolo diciendo: "Hoy, ni el paraíso será suficiente.... Nuestro afortundo podrá llevarse...veinticinco miiil dólaressss y un aaaauuuutoooooo!!!!" Las cámaras enfocan a tres guapas modelos con sus burkas de moda, mientras soban el cromado auto importado directamente del Magreb. Éstas son quizá las únicas chicas —sin contar las del camerino— que participan del evento, pues el público es una absoluta marabunta masculina con bigotes y barbas. Por un momento no sabemos si gritan de alegría ante el prístino vehículo, o si es que van a matar a las tres chicas. Lo que sí sabemos es que esto no se trata de un concurso sabatino, ni del show de Don Francisco, sino de la última nueva que nos traen de Alalandia:

"PESHAWAR, Paquistán.- Un clérigo paquistaní ofreció $25,000 y un vehículo para la persona que mate al caricaturista danés que hizo unos dibujos satíricos del profeta Mahoma, que han enfurecido a millones de musulmanes. "

Mientras el presentador se soba su lustrosa barba, una gota de sudor se escapa de su turbante, mojando su sardónica sonrisa. En esa sola gota se refleja la multitud que tiene ante sus pies. Unos corren por sus rifles, otros por las chancletas, otros intercambian el Corán de su sobaco por dinamita. En su realidad es un pandemonio. Pero al otro lado del rio, es una marabunta más a la que nos tienen acostumbrados. La notable diferencia es que cuando lo han hecho en el pasado, suelen haber tenido la razón; pero esta vez NO. El presentador ha puesto el reloj en marcha, se seca la gota, y se retira a su camerino, donde las burkas se cuelgan en la puerta.

Mientras queman y apedrean embajadas, los musulmanes pierden la oportunidad de demostrarle al mundo occidental que la violencia no responde a la realidad de su doctrina. Y peor aun, arruinan la reputación de aquellos millones de decentes que comparten su misma religión, porque a los occidentales no nos gusta distinguir, sino poner etiquetas, sintetizar, y así hacernos la crudas verdades más digeribles.

No queremos imaginarnos lo que sentían los musulmanes cuando de repente, entre el polvo de las dunas, avistaban la marabunta de cruzados cabalgando sin piedad hacia ellos. En aquel entonces no había que temerle a barbudos de turbante, sino a los obispos psicópatas de Roma. Gracias a esos mismos árabes, la historia pudo contar luego con avances en las matemáticas e inventos como el reloj, el telescopio, el astrolabio, e incluso los textos de Aristóteles, que si hubiese sido por los cristianos hubieran ardido como tantos millares de otros escritos "paganos". Por desgracia, para ambos bandos, los árabes también inventaron la pistola.

Actualmente vemos un revuelto en torno a unas supuestas representaciones de Mahoma. —¿Puede representarse o caricaturizarse a alguien que no puede ser visto?— Sin embargo, sabemos que esto no se trata de unas simples caricaturas, un editor o un dibujante, sino de líderes con agendas político-económicas claras. Así como fue Europa hasta hace unos 200 años, la mayoría de las naciones musulmanes son teocracias. Las teocracias no son otra cosa que absolutismo en disfraz dogmático, donde la responsabilidad de todo lo bueno se le otorga a Dios y la de todo lo malo al vecino. En este sentido, los gobiernos reales de las teocracias, las elites y nobleza, intentan pasar desapercibidos, pues prefieren que la atención de sus ovejas no se fije los problemas reales y directos, sino en un "lobo" (demonio) muy lejano. De esta manera se evitan que les pase lo mismo que a la parentela de Luis XVI durante la revolución francesa.—

Creando amenazas fantasma, lejanas, ficticias, extraterrestres —como Chávez hace hoy en Venezuela— es como los gobernantes teócratas han convertido, mediante el petróleo, a una parte enorme de la población musulmán en lobotomizados mentecatos, incapaces de ver que su peor enemigo, no lo tienen en Washington, sino ante sus narices en cualquier palacio cercano. Queridos irreverentes, su religión es lo de menos.

Siempre he pensado que la clave para la paz es el respeto; toda opinión debe ser respetada como derecho. Los musulmanes estaban en todo el derecho legítimo de ofenderse ante tales imágenes. Pero también tenían el derecho a no mirarlas, no consumirlas. ¿Lo hicieron? Seguramente sí, como lo habrán hecho cientos de veces antes, pues no son ni las primeras ni las últimas caricaturas de Mahoma que han existido; pero líderes enfermos no le permitieron pasar la página, y apelaron al odio colectivo. Por eso si a los caricaturistas de las susodichas imágenes de Mahoma les pasara una desgracia, no debemos culpar a la religión islámica, sino a todos los manipuladores religiosos que se encuentran tras bambalinas. A ellos y a los desgraciados que intenten ganarse los $25,000 y el auto del Magreb, le enviaremos diariamente caricaturas de bombas, no en el turbante de Mahoma, sino en el culo de Alá.

¡Viva nuestro derecho a la blasfemia! Y que siga el espectáculo.

Escrito por JLGiles
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