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¿Por qué llorar a los muertos?

Archivado en General • Fecha: 28-02-2006 14:37:51

Para los que hemos sufrido pérdidas



Imagen: Grabado del mexicano José Guadalupe Posada

Uno de los sufrimientos más terribles que puede sufrir una persona es la pérdida de un ser querido. Y me refiero sólo al sentido de vacío que queda cuando un familiar o amigo se nos va. Dejemos a un lado, al menos en esta reflexión, otros sentimientos que podrían estar presentes, como la ira, culpabilidad, o sentido de injusticia. Estas últimas suelen también merodear alrededor de muchas muertes. Pero aquí sólo quiero hablar del sufrimiento causado por el sentido de pérdida.

En los últimos años he sufrido dos enormes pérdidas de familiares muy cercanos (y un perro). Esto me ha llevado a reflexionar sobre la muerte, su impacto, y el sentido que le otorgamos. Quiero dejar la muerte de mi perrita también al margen, pues el dolor que sentimos por un animal que muere no tiene comparación con el de un ser humano. Sencillamente porque el animal, aunque suene mal, es sustituible. Lo lloramos, lo enterramos, y al cabo de unos meses un día alguien que nos quiere nos trae un cachorrito, y nos enamoramos de él. No es que hayamos olvidado al primero, pero sí lo superamos con relativa facilidad. En cambio, cuando un padre, madre, abuelo o amigo cercano muere, no existe nada en el mundo que pueda sustuir su presencia. El vacío es imposible de llenar. En la vida hay personas queridas que son insustituibles y otros que no. Pero cuando el dolor es muy reciente, poco importa si la persona era indispensable o insustituible. Sólo sufrimos y no nos importa otra cosa mas que sufrir. He ahí el problema.

El motivo de crear este blog es precisamente cuestionar lo que nunca nadie suele cuestionarse, o porque no se atreven o porque nunca se les ocurre. Cuando preguntamos "¿por qué llorar a los muertos?" no pretendemos desvalorizar el sufrimiento de alguien que ha sufrido una pérdida. El sentimiento y el llanto son totalmente legítimos, son instintos básicos. Lo que queremos cuestionar no son los sentimientos en sí, sino la manera en que solemos manifestarlos. No pensemos que el dolor es una cosa individual e interna, pues la sociedad, la cultura y la religión tienen mucho que ver en cómo el sufrimiento se manifiesta en nuestras vidas. En pocas palabras, nos han enseñado a sufrir de una manera determinada.

Cuando un ser querido (o a veces no tan querido) fallece, la sociedad te pide que te vistas de negro, que pongan al muerto guapo y maquillado (aunque por dentro le hayan quitado las tripas), y que lo metan en una caja acolchonadita. Luego esa caja hay que ponerla frente a un público, y ese público debe llorar (o hacer que llora). Y eso sí, hay que prender muchas velitas, velitas, velitas por doquier. Algunos rezan un rosario, otros se atacan, otros gritan, algunos hablan en lenguas angélicas, otros quieren lanzarse al hoyo con el féretro. La sociedad también condiciona el sufrimiento de los más allegados, pidiéndo un luto absurdo, que a veces se prolonga por toda una vida, especialmente si eres una mujer viuda; en cambio un hombre que lleve un luto de par de meses ya cumplió su dosis. Pero todo esto no es más que parafernalia. A lo que quiero llegar es a la esencia de la pérdida, y esto es el sufrimiento y nada más.

La primera vez que me dieron la noticia de que a un pariente cercano le quedaba muy poco tiempo, sentí una gran tristeza. No esperé a que muriera tres meses después para llorar. Lloré cuando me dijeron que iba a morir. El resto del tiempo fue una espera. Durante esos meses, antes que muriera, me puse a pensar qué sentido tenía el llorar por una persona que sólo me había dado cosas buenas, alegría, cariño, etc. ¿Por qué llorar a alguien que ha sido sinónimo de amor y felicidad en mi vida? ¿Por qué llorar sobre la memoria de alguien que significaba una ganancia? ¿De dónde surge toda esa tristeza?, coño. Entonces me di cuenta, de que cuando alguien muere, realmente no lloramos "por el muerto", sino por nosotros mismos. Lloramos porque nos duele no ver a esa persona de nuevo, y poco importan las pamplinas que diga el cura del destino de su alma o que si nos veremos "en el Reino", that's bullshit que no consuela a nadie. Si nuestro sufrimiento fuera realmente por el muerto, lloraríamos por no poder saber a dónde habrá ido su alma, o si el fenecido fue un desgraciao, sufriríamos al saber que éste ha ido a los brazos de Belcebú. Pero no. Lloramos porque somos egoístas, porque no queremos dejar ir al que se ha tenido que ir, porque queremos atar lo inatable. Lloramos porque otorgamos un poder sobrenatural a la muerte, en vez de aceptarla como el flujo natural de la vida.

La primera pérdida en mi vida en cierto modo me permitió prepararme para próximas muertes de familiares. Contrario a mucha gente que no aprende nada de sus experiencias, y sufren cada desgracia como si fuera la primera vez que les pasa, yo intenté por todos los medios de prepararme para una futura pérdida. La manera en que lo busqué fue pensando en qué pasaría si me dijeran que fulano o mengano había muerto. El horror era inimaginable, no podía saber cómo se sentiría, en cambio sí podía imaginar algo muy claramente: mis lágrimas. Sabía que cualquier muerte iba a causarme lágrimas. Pero las lárgrimas son sinónimo de dolor. Y el dolor es sinónimo de angustia. Y la angustia te consume por un largo tiempo. Yo ni tenía tiempo pa' esto, ni quería consumirme. Así pues me pregunté si era posible dar un giro al sentido de pérdida, de manera que no me consumiera. Y fui desarrollando una estrategia, como un seguro que me ayudara a salir del hoyo en caso de alguna tragedia. Sólo faltaba ponerlo a prueba.

Cuando años más tarde me anunciaron la segunda pérdida, no pude evitar explotar en llanto. El llanto más agudo de mi vida. Y fue intenso, como una catarata rompiéndo una roca. Y así quería que fuera, porque ese iba a ser el único que me iba a permitir. Un llanto, un sólo llanto, pero bien llorao. Cuando al final pude secarme la cara, no con ello desapareció la tristeza. Pero me sentía más en control. Y lo que me ayudó a mantenerlo fue preguntarme qué pensaría mi familiar fallecido, si me pudiera ver en aquel estado de desolación. Y lo que imaginé fue a una sonriente persona mirándome, diciéndome "Pero chico, ¿por qué lloras? ¿Acaso no prefieres recordarme con una sonrisa?" Me quedé pensando un rato.....¡Y ahí estaba la clave! La mejor manera de controlar el dolor de la pérdida de un ser querido es pensando como si la persona no se hubiera ido del todo, como si nos pudiera ver y se extrañara de nuestras lágrimas. Así que comencé a recordar todas las buenas experiencias que tuve con aquella persona, todos los ataques de risa, nuestras bromas, nuestro amor, y sin darme cuenta vi cómo a lo largo de mis mejillas corrían dos largas lágrimas, pero esta vez de risa. Había transformado la muerte de mi madre, en un recuerdo inagotable de felicidad.

Ya han pasado dos años. La extraño. Y cada vez que siento que la tristeza comienza a arroparme, digo ¿Quién carajo dice que a los muertos hay que llorarlos? El rol del llorón ya me lo conozco...y ese papel no me gusta. En mi guión, a los muertos hay que reirlos.

Escrito por JLGiles
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Comentarios

  1. Muchas ocasiones no comprendemos, el sentido que tiene la vida misma; si al final de todo lo aprendido, dejamos mas que lágrimas en los supuestos seres que una vez nos llegaron a querer, amar ( si es que fuimos afortunados) o minimamente a respetar. simple, una enseñanza mal encaminada a observar detenidamente a quien le lloraran más, al que apenas termino sus dias o a nosotros mismos...muy atinado el desahogo que tienes. solo una pregunta: ¡¿qué pasa cuando al fallecer "x" persona querida, no desechamos lágrima alguna o tristesa!? ¿cómo le llamas a eso? egoismo suprimido.... o simple carencia de sentimientos? pero, cuando existieron lazos muy fuertes y no lo lloras que palabra conceptualiza esas acciones????

    Saludos... tu amiga Karla...

    Mistika hippie — 16-04-2006 01:51:13


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