¿Quién es el chófer? ¿Quiénes son los pasajeros?

¿Por qué algunos científicos se empeñan en encontrar vida en otros planetas? ¿Qué cualidad tan especial ven en la vida, que los impulsa a buscarla como si se tratara del vellocino de oro? Pero también están los que no se complacen con encontrarla allá afuera; la buscán "más allá", en el cielo, en religiones, mitos, fábulas. No basta con que la vida exista en otras partes; también tiene que existir tras la muerte, pues sólo así puede concebírsele como eterna. Y esta idea parece que nos consuela.
El "misterio" de la vida es quizá el asunto que consideramos más importante en el universo. Sin embargo, no es más que una insignificancia cósmica más. La vida es una inmunda particulilla de mierdilla ácida en un vasto cosmos muerto. Sí, la vida es una mierda.
Pero no me refiero a tu vida, o a la mia; esa vida que comienza diariamente a las 7 am cuando nos movemos a tomarnos un café y limpiarnos las lagañas. Me refiero a la Vida, con mayúscula. A ese proceso por el cual cierto tipo de macromoléculas conforman ácidos nucleicos, y estos crean a su vez vehículos por los cuales poder replicarse y perfeccionarse. Sea donde sea que haya vida en el universo, ésta será siempre su definición básica: Un combate de moléculas de ADN mezclándose con otras para mejorar su diseño.
Pero la vida no es la esencia del universo, pues el universo en general está vacío. La materia es un accidente, es la excepción. Y dentro de la materia, la vida orgánica es quizá el sub-accidente más espectacular, y grave, que jamás pudo ocurrir.
El ADN creó lo que llamamos formas de vida, seres individuales, la mosca, la cucaracha, el koala; en conjunto un zoológico, una jungla, un eterno combate por supervivencia. Desde la bacteria hasta la ballena, desde el hongo hasta la mula, las formas de vida luchan unas contra otras para permitir que sea su ADN quien tenga al final la oportunidad de replicarse. El perro contra sus pulgas, las pulgas contra sus parásitos internos, y esos parásitos contra otras células, y esas células contra su propio reloj biológico que les dicta su muerte segura. Según Darwin, sobreviven las especies más aptas, pero quien realmente sobrevive es su ADN, quien como un científico loco, controla desde adentro su taxi privado que llamamos "organismo". Al ADN poco le importa que su taxi sea un burro o un gato; siempre y cuando se le permita replicarse una y otra vez, sin cesar, en un ciclo que parecería eterno. Mas no lo es. Al ADN también le llega su hora, pues como sucede con todo conflicto donde es imposible hallar un balance y estabilidad, al final todas las partes se cancelan mutuamente, resultan destruidas.
Hemos inventado ideas para darle un poco de sentido a la sinrazón de la vida. Hemos pretendido otorgar trascendencia a lo que en realidad es intrascendente. Pues toda aspiración trascendente, todo deseo de marcar una diferencia, de evolucionar, de cambiar la vida en algo mejor, no es más que un espejismo. El teatro de la vida enmascara a los verdaderos protagonistas escondidos: el ADN. La Vida es materia gone wild. Sin embargo —ya sea por auto-destrucción, por meteoro, o por el fin del sol— la debacle planetaria es el fin inevitable de la pesadilla. Nuestra Tierra, eventualmente descansará de su larga guerra interna. Mucho antes el taxi llamado homosapiens ya habrá cesado de existir. Luego dejarán de enfrentarse bacterias contra viruses. Se apagarán los amaneceres...y se desintegrarán las últimas moléculas de ADN.
Finalmente las religiones habrán tenido razón: pues por fin llegará el anhelado reino de Paz que sólo puede disfrutar aquello que está muerto.
mistika hippie — 06-06-2006 21:35:42