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La revelación de la yuca transversal

Archivado en General • Fecha: 02-06-2006 16:52:58

¿Quién tiene dudas en la cocina de la abuela?



¡Qué gracia tiene la Tierra, y que elementos tan misteriosos nacen en ella! Subyacen en el suelo borincano* tantas maravillas que brotan para alimentarnos y darnos sus propiedades! La malanga, la papa, el ñame, la yautía, y la reina de todas: la yuca, alimento predilecto de los taínos, y mi favorita.

La yuca puede freirse como si fueran papas, pero hervida es como muestra íntegramente su sabor. Primero la pelas con cuidado. Luego la picas a lo largo por la mitad. Y después la echas a hervir con sal hasta que empieza a ponerse blandita. El secreto está en no pasarse del tiempo justo, pues si te excedes la yuca se rebela, se amogolla**, pierde su textura. Y si no le das el tiempo suficiente se queda seca por dentro y no hay lengua que pueda pasarla. A la yuca hay que mimarla. Al menos eso nos enseñan las abuelas.

Considerando que es un tubérculo que contiene cianuro, me maravillo por lo bien que sabe sin matarme. Un chorrito de aceite de oliva, y listo. Mmmm! Pero mientras todo el mundo goza de la diosa del casabe***, yo —que suelo complicarme la existencia a menudo— encuentro algo que continuamente me fastidia: la desgraciada fibra dura que la yuca esconde en su centro, cual vértebra de sardina rebelde que inca las encías.

¿Por qué las mejores cosas de la vida siempre vienen acompañadas de algo —o alguien— que intenta joderlas? ¿A quién se le habrá ocurrido meterle dichosa paja en el corazón a tan hermosa vianda?

En fin, no importa dónde coma mi yuquita o quién la prepare, lo primero q tengo que hacer siempre es espulgarla en su centro. ¡Qué rico sería poder acercarte un día a tu plato y poder llevarte la yuca a la boca sin preocuparte de su maldito espinón!

Pero la vida a veces trae grandes sorpresas. Y así como a Newton le dieron su manzanazo, ¡mi día finalmente llegó! Logré neutralizar el maleficio de nuestra querida liliácea:

Ayer mientras cocinaba y picaba vegetales tenía la mente ocupada en mil tonterías; por suerte no me corté un dedo. Cuando puse la yuca a hervir me di cuenta de algo grave: en mi despiste la había cortado transversalmente, (en medallones de centímetro y medio) y no a lo largo como es debido. Era demasiado tarde; la había arruinado. Jamás en mi vida había visto una yuca sacrificada así. ¡A quién se le hubiera ocurrido si no a mí! Pobrecita yuca, se veia tan triste... tan poco yuca... Pero en plena tragedia el destino me tenía guardado dos grandes compensaciones...

La yuca no sólo se hizo tres veces más rápido, sino que cuando fui a comérmela noté que la mayoría de los medalloncitos no tenían la maldita fibra. ¿A dónde se había ido? Debido a su nuevo corte la fibra se había caído al hervir y lo que quedaba era fácilmente removible. Por primera vez en la vida no tenía que pasarme hilo dental para retirar los restos de la susodicha vena vegetal. Además, por ser trozos más pequeños la yuca no quedaba seca y la sal se distribuía homogeneamente dentro de ella. De modo que mi lengua quedaba doblemente agradecida. ¡Esta era la yuca perfecta! Un verdadero milagro.

Por unos instantes me quedé perplejo y reflexioné: ¿Por qué no lo había pensado antes? ¿Por qué hizo falta un error para develar el misterio del yuquismo feliz? Y tras darle casco al dilema hallé respuesta: las tradiciones culinarias nunca se cuestionan, son sagradas. Nadie pone en duda la sabiduría ancestral, la sabiduría de la abuela.

Así mismo como por carambola me di cuenta de que cortar las yucas del modo tradicional (a lo largo) era la estupidez más grande posible, pensé en cuántos absurdos e idioteces haremos todos diariamente sin que lo podamos notar, pues aceptamos la tradición como conocimiento irrefutable. Ojalá la tradición solamente se tratara de asuntos de cocina. Sin embargo, en ella también se inmiscuyen la política, la religión, los prejuicios, las pasiones. Nos crían dentro de un esquema mental que nos acostumbra a no dudar de nada de lo que se nos dice. Y así, diariamente millones de seres se levantan cada día y repiten como el papagayo los mismos errores y tonterías de sus padres y sus abuelos; van a la misma iglesia, votan por el mismo partido, aplauden al mismo equipo, y cuando les llega la hora de acostarse en su nicho ya es muy tarde para conocer las grandes verdades que esconde la vida; como esa que dice que la yuca cortada transversalmente se come mucho mejor.

*borincano = puertorriqueño
** amogollarse = hacerse pastoso
*** casabe = pan a base de yuca hecho por los indios taínos

Escrito por JLGiles
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Comentarios

  1. Que risa!!........ solo el que ha comido Yuca sabe de lo que hablas. Que originalidad. besos!

    Yahaira — 24-06-2006 19:58:18


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