¿De qué se trata el fundamentalismo norteamericano?
¿Por qué odia Bush a los musulmanes?

La primera década del milenio nos ha revelado una nueva cara del pueblo americano: el fundamentalismo religioso.
Muchos latinos pensamos que el fundamentalismo es sinónimo del protestantismo, pero no es así; aunque bien es cierto que el protestantismo, en general, renuncia a gran parte de las tradiciones de la historia del cristianismo católico, para anclarse exclusivamente en los "fundamentos" de la religión cristiana. Pero lo que hoy entendemos como fundamentalismo es más bien una variante radical del protestantismo que suele tomar la Biblia al pie de la letra, literalmente, incluso aceptando abiertamente que mitos como el de Adán y Eva o el Arca de Noé son hechos históricos.
A medida que el fundamentalismo cristiano radicaliza sus posturas anti-tradicionales, intenta regresar a los orígenes de las primeras comunidades cristianas. Es así como los fundamentalistas crean un vínculo con los judíos, pues recordemos que los primeros cristianos eran judíos, y ni siquiera visualizaban sus creencias como una nueva religión.
Si estudiamos los principios básicos del judaísmo pronto encontramos la clave para entender el el pensamiento del fundamentalismo protestante americano. Los judíos fueron un pueblo oprimido que se vio obligado al exilio (Egipto, Babilonia, etc.). Un pueblo al que su dios le prometió presisamente aquello que más necesitaban: libertad y una tierra propia. El pacto con dios revelaba que los hebreos eran el pueblo elegido y que tarde o temprano recibirían su Tierra prometida.
Teniendo esto en mente, pensemos ahora en los orígenes de la nación norteamericana. Los primeros pobladores europeos eran cristianos protestantes puritanos, quienes llegaron a América auto-exiliados, huyendo de la persecusión religiosa en Inglaterra. América era su "tierra prometida", y el haber encontrado esa lugar prístino fue interpretado por muchos como la prueba de que ellos, los puritanos, eran los verdaderos cristianos, y que tenían la oportunidad de iniciar una sociedad perfecta desde cero, sin las influencias paganas del cristianismo europeo. Los primeros pobladores americanos poseían la gracia, eran salvos. Su creencia en este destino divino pronto influyó a la política, y fue así como se forjó la idea del destino manifiesto. Es decir, que el pueblo americano protestante era el pueblo elegido cuyo destino divino era evidenciado, manifestado, en su historia.
Tras un periodo relativamente corto, siendo la nación más joven del mundo, los americanos lograron superar sus conflictos internos y convertir su país en una superpotencia. Para los fundamentalistas, su prosperidad no era más que una nueva evidencia de su destino manifiesto. Más allá de eso los Estados Unidos eventualmente serían un factor vital para que los judíos alcanzaran su tierra prometida, el estado de Israel. Esto ultimo era la evidencia contundente de que los americanos y los judíos estaban emparentados por algo más que coincidencias históricas: ambos eran hermanos separados del único pueblo elegido de Dios.
Compartiendo tantas similitudes, era de esperarse que los americanos y los judíos mostraran características similares. Tomemos por ejemplo, su materialismo, los bancos, la sociedad del crédito ¿Y que hay de sus fobias? ¿Comparten los americanos y los judíos los mismos temores? No será la obsesión por del armamento nuclear una clara señal de que ambas sociedades sufren el mismo complejo paranoide?
Pero, ¿a quién le temen los judíos?, y ¿a quién le temen los americanos? Los americanos y los judíos le temen a aquellos que también se creen un pueblo elegido. He ahí la "amenaza" musulmán como punto en común entre Israel y los EEUU.
Cuando la ultra derecha republicana (compuesta de líderes protestantes fundamentalistas) llevó a George W. Bush al poder, pudimos observar cómo en menos de un año los americanos convirtieron el Islam en su enemigo, aquellos que habían sido por siglos el enemigo #1 de los israelitas. De la noche a la mañana comenzó a hablarse de "guerra de civilizaciones" y "eje del mal", en clara referencia al mundo musulmán que no se somete a los dictados americanos.
George W. Bush, fue un producto de la ultra derecha cristiana conservadora, y logró hacerse con el poder utilizando la ideología de los protestantes fundamentalistas que siempre se han sentido religiosamente emparentados con Israel. No fueron los católicos, luteranos o metodistas quienes llevaron a Bush a la presidencia, sino los evangélicos y pentecostales. El odio judio a los musulmanes se apoderó así de la gran nación americana, e iniciaron una llamada cruzada por la "democratización" del mundo. Una patraña política de Bush para manipular la opinión pública y despejar el terreno para sus intereses petroleros.
Los cristianos fundamentalistas han tuvieron en los últimos años la oportunidad de mostrarle al mundo que el "fundamento" del cristianismo es el amor al prójimo, pero en vez de esto eligieron el camino que más los emparentaba con los judios, sus socios en la salvación; eligieron el Antiguo Testamento, la ley del talión, y el odio hacia los vecinos que creen y piensan distinto. Los cristianos fundamentalistas volvieron a ensuciar, nuevamente, la imagen de su religión, como ya en el pasado hicieron los católicos con sus inquisiciones y los calvinistas con sus quemas de brujas.
El cristianismo ha salido mal parado, desacreditado, y es de esperar que el mundo entero piense que se trata de una religión de locos, así como pensamos de los musulmanes cuando vemos las imágenes del 11 de septiembre. Y es que vivimos en una época donde las alas radicales de grandes potencias han llegado al poder (por ejemplo la revolución islámica en Irán.) El retorno de tantas teocracias (incluyendo la actual en EEUU) no sólo es un factor de riesgo para la paz mundial, también es una oportunidad de comprender cuál es el resultado de gobernar el mundo con una Biblia o Corán bajo el brazo. Tenemos países invadiendo países en nombre de Dios; motines debidos a una caricatura, etc.
En las teocracias los líderes tienen la oportunidad perfecta para enseñarnos la esencia de sus creencias. Pero hasta la fecha todos esos intentos nos han mostrado claramente que las religiones son un fraude perpetuado por manipuladores que buscan el poder y el dinero. Por eso grandes pensadores occidentales lucharon por establecer un sistema secular que nos preservara de la persistencia de los religiosos en querer controlar también los gobiernos. Desafortunamamente los EEUU parecen haber olvidado las lecciones de Washington y Jefferson. Han olvidado que una civilización corre su mayor riesgo cuando desvirtúa los principios de las instituciones seculares en favor de la religión. Hoy día, el secularismo y la plena separacion de Iglesia y Estado parece ser incompatible con la mentalidad de los protestantes fundamentalistas, pues ignoran que es la salvaguarda de nuestra supervivencia.