¿Alguien entiende la poesía contemporánea?

Un día tenía un bajón de cultura, y leyendo el periódico vi un anuncio de que esa noche un grupo de poetas y declamadores se reunía en un café del Viejo San Juan. Aunque he jugueteado con ella, la poesía nunca ha sido mi fuerte, pero sentía la necesidad de compartir un poco de cultura con gente a fin. Así que —inocente yo— agarré un par de mis poemas y fui a ver de qué se trataba.
Al llegar me apunté en la lista para declamar. Como llegué tarde era uno de los últimos. La actividad bohemia comenzó y pronto noté lo poco informado que estaba sobre el mundo contemporáneo de la poesía, (al menos de la sanjuanera). Como no soy un gran aficionado a estas actividades, me empeñé en prestar plena atención a las palabras recitadas. Quería disfrutarlo y entender todo lo que aquellos poetas querían transmitir. Pero desafortunadamente a mitad de camino la tuve la ligera impresión de que no estaba entendiendo nada.
Los poemas no sólo eran palabras leídas, más bien eran gritos, chillidos, incoherencias. Un ejemplo típico era aquel que comenzaba con algún tipo de encabronamiento; como si lo único que pudieran contar fuese algún tipo de angustia existencial, pero sin utilizar el lenguaje de modo inteligible. Aquellos muchachos sí transmitían emociones, pero no por lo que leían, sino por sus despotricadas y gestos. Noté que la supuesta poesía (literatura) era sólo una excusa para poder pararse frente a un público y hacer lo que les viniera en gana. Algunos eructaban, otros se rascaban los huevos. Necesitaban un medio de expresión y ahí lo tenían. Así que más bien se trataba de una noche de performances disfrazada de velada poética. Licencia poética en su máxima expresión.
La irracionalidad bañó la mayoría de las presentaciones. Puesto que no había una línea coherente que seguir, nadie sabía cuando el poeta había terminado, o cuando estaba prepárandose para declamar el segundo "verso". Cuando el poeta callaba le seguía un silencio sepulcral, y si decía "Y ahora les voy a declamar este otro poema..." entonces la gente aplaudía a doble velocidad, intentando disimular el hecho de que nadie se había dado cuenta de que el primer acto había terminado.
Si sólo había un poema entonces aplicaba la siguiente ley de los silencios:
silencio de medio segundo = coma
un segundo = punto
dos segundos = punto y aparte
cinco segundos = no se sabe a ciencia cierta
diez segundos = aplausos
Esta fue el único orden que hallé en toda la noche.
Sin embargo, el público asistente era muy gentil. No importaba qué se dijera en aquella tarima, todo era aplaudido. Especialmente si el poema resultaba vigoroso. Es decir, si a mitad de camino el poeta cerraba los puños y gritaba "¡Coño!", "¡Carajo!", "¡Esta vida apesta!" o "¡Me duele el culo!", esto definitivamente arrancaba más aplausos al final. Me dio la impresión de que la mayoría de aquel público era formado por un mundillo de poetas de la misma calaña quienes, a falta de un público real, deben fungir tanto como creadores y consumidores de sus propios productos.
Este acto me recordó al circo de los filósofos y pensadores del siglo XX. (¿Quiénes consumen sus libros sino ellos mismos?) Estos a falta de ideas tuvieron que arrojar sobre sus escritos el velo del oscurantismo y la falta de claridad, cual concilio ecuménico medieval. Nadie los entendía, nadie los comprendia, pero más vale que los aplaudieras si no querías quedar como tonto ignorante. Igual sucede con las bellas artes y los museos y bienales de arte contemporáneo. Son una oda al absurdo y la imbecilidad humana puesta en un pedestal. Se glorifica la sinrazón, la mentalidad rebaño donde nadie cuestiona los méritos de nadie. Es como una comunidad hippie peace and love, donde todos son bienvenidos a "expresar" lo que le venga en gana. La auto-referencia y el narcisismo están a la orden del día, como si para ellos el público no se tratase de algo más que un espejo mudo.
Los propulsores de las artes impostoras (post-artes), no se cuestionaron debidamente (osea, con honestidad) si sus "expresiones" poseían virtudes comunicativas o si no eran más que gritos de un loco en un bosque sordo. ¿Qué es la expresión que no comunica nada? ¿Ritual de catársis? ¿Deseos de breve protagonismo?
Nada, que esa noche yo no tenía tales deseos, y fui corriendo y me borré de la lista antes de que llamaran mi nombre. Y cuando llegué a mi casa, me miré frente al espejo, saqué mis poemas, y dije:
"Coño! Carajo!"
y espere diez segundos...
Florimar Agostini — 17-06-2006 00:41:57
Yahaira — 24-06-2006 19:47:46
Eli — 30-09-2006 20:27:34